El Oficio Divino -una celebración festiva y familiar para todos los cristianos-

La Iglesia se postra cada día en momentos irrenunciables, llenos de luz y preñados de presencia, para entrar en diálogo amoroso y fecundo con Quien es amor y fecundidad. El Oficio divino no es otra cosa que el deseo de palabra y diálogo con el Dios transcendente y, a la vez, cercano en las cosas pequeñas de cada día […]. La hermana Ernestina, monja benedictina, y Pedro, su hermano nos presentan este sugerente libro sobre el Oficio divino y la lectio divina, que nos estaba haciendo falta. Porque no basta con alabar a Dios, hay que saber por qué oramos. No nos basta con leer e interiorizar la Palabra, hay que saber valorarla y ponernos en contexto de escucha y de amor reverente. Y este libro nos ayuda a todo esto” (Fr. Alejandro Fdez. Barajón, Prólogo)

¿Qué puede decirnos del Oficio Divino, sor Ernestina, para animarnos a practicarlo a nosotros, creyentes del siglo XXI?

            Me gustaría repetir las palabras de asombro que escribió recientemente un joven ante su primer encuentro con el Oficio: “¡Qué poder tan enorme tiene la liturgia!, es la sangre que alimenta el cuerpo. ¡Qué impresionante saber qué millones de hermanos experimentamos, decimos, pedimos, damos gracias, con las mismas palabras, con los mismos sentimientos! Cuando se conecta, mediante la liturgia, con el “Cuerpo orante” de Cristo, el milagro no es que nazca Jesús en nuestros corazones, lo extraordinario sería que no lo hiciera. Mediante la liturgia, Cristo se encarna en nosotros. Por esto gozo con la Liturgia de las Horas, es la oración de toda la Iglesia y, sobre todo, la oración de Jesús. Aunque a veces no entienda bien lo que digo o me produzca rechazo; es la oración de Jesús. Él oró con estas mismas palabras y es él quien ora en mí y, sobre todo, yo oro en Él”.

            A todos nos gustan mucho las parábolas, ¿con qué se puede comparar el Oficio divino para entenderlo mejor?

            Yo diría con una deliciosa escena de encuentro familiar, una fiesta.

            ¿Por qué no?, según Teilhard de Chardin el ser humano ha sido creado para festejar y danzar.

            Así es, en la fiesta, la vida se vuelve una gran liturgia, una danza, en la que todo es señal de algo superior, manifestación del plan creador de Dios, porque en ella rompemos con la cotidianidad y bebemos de la fuente de la Vida.

 

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